El presidente de la UCR provincia y vicegobernador bonaerense, puso a su hijo en la lista de diputados nacionales. Mientras, el radicalismo seccional debate para que le respeten lugares en las listas. La “borocoteada” de Asseff también deja mal parado al Juntos por el Cambio.

Mientras algunos sectores quedaron marginados o consiguen muy pocos lugares, el vicegobernador Daniel Salvador se las ingenió no solamente para seguir como compañero de fórmula de María Eugenia Vidal, sino que colocó a su hijo, Sebastián, en el séptimo lugar de la nómina de diputados nacionales por la provincia de Buenos Aires de Juntos por el Cambio.

Desde su origen, y con Mauricio Macri como principal vocero de esa perspectiva, Cambiemos se mostró, precisamente como su nombre lo indica, como un faro de cambio, fundamentalmente de las viejas y viciadas prácticas de la política. Cambiemos montó su imagen como antónimo de la corrupción, la perpetuidad en el poder y el nepotismo, atribuidos desde dentro del espacio a las prácticas viciadas y viciosas del peronismo.

María Eugenia Vidal fue en los últimos tiempos una impulsora de políticas que apuntaron a mover la alternancia política, como por ejemplo con la ley de limitación de mandato para los intendentes y para los legisladores. También ha tenido expresiones que van contra el acomodo de familiares en los puestos del Estado. Pues bien, ahora una de esas prácticas que supuestamente rechaza sucede en el patio de su propia casa.

Desde el radicalismo dicen que a Salvador le preguntaron a quién tenía para poner en la lista de diputados nacionales (los otros dos cargos a entrar para la UCT lo ocupan Miguel Bazze y Karina Banfi, que van por la reelección), y rápidamente propuso al presidente de la UCR de San Fernando, que no es más que su hijo.

La resolución cayó como un balde de agua fría en muchos sectores de la UCR bonaerense, que no pueden creer que su presidente haya priorizado cuestiones personales por sobre el conjunto. Ese conjunto por estas horas se debate en resolver las candidaturas seccionales, y en muchos casos hay una bronca mayúscula porque el radicalismo debería resignar sus prioridades, como sucedería en la Sexta sección, por ejemplo.

¿Tanto habrá cambiado la concepción de la política de Cambiemos desde la llegada de Miguel Angel Pichetto? El caso de burdo nepotismo que se acaba de describir es acompañado por una “borocoteada” extraordinaria, que tiene detrás precisamente la mano de Pichetto.

Según versiones oficiales, Alberto Asseff ha firmado como candidato a diputado nacional en el casillero 11. Asseff fue, la semana pasada, uno de los dirigentes que conformó Despertar, el frente electoral que lleva como candidato a presidente al economista José Luis Espert y al que el diputado del Parlasur acompañó anotando en la alianza a su partido UNIR.

Según fuentes del oficialismo, Pichetto  fue el contacto para convencer a Asseff de que dejara a su socio y se sumara a Juntos por el Cambio. Y lo hizo rápidamente. La jugada significa un duro golpe para la candidatura de Espert, que claramente le disputa algo del electorado a Macri, que aunque sea ínfimo puede herirlo. Sea como fuere, la Rosada apeló a la “borocoteada” de última hora para, y esas no parecen ser jugadas acordes con la política limpia y el “cambio” que tanto se pregona y le da otra vez el nombre a un frente que dice lo que no hace.

 

La Tecla

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